viernes, 20 de abril de 2007

Testimonio de una presa política jalapeña en Mérida

Gaby
"Conforme me acercaba a la barricada que la policíahabía levantado sobre Paseo Montejo los gritos iban enaumento. Me había quedado atrás por terminar losúltimos detalles de la casa que los compañeros habíanconseguido, decorada con lemas y pinturas. Se habíadecidido abrir una galería de arte para exposicionessobre los movimientos alternativos en el mundo,enfocándose especialmente en los días en que elpresidente Bush iba a pisar tierras mayas.Había mucha gente, alrededor de 500 personas, tal vezmás. Todos gritaban, algunos pateando barricadas,otros pintándolas con aerosol (como en cualquiermarcha). Así estuvimos como media hora. Al ver que nose lograba nada se decidió marchar hacia la plazagrande y manifestarnos frente al palacio municipal ode gobierno (aún no lo sé). Llegando allá los compañeros se avalanzaron contra losgranaderos que lo protegían. Eran pocos, tal vez esafue la razón por la que en ese momento se perdió decontrol la situación. Tratando de introducirse en elinterior se empujaron y patearon las puertas, serompieron cristales y se seguía gritando. Yo no dejabade tomar fotos, no dejaba tampoco de gritar. Después de una hora, tal vez un poco más, y tras talcaos se vio la presencia de los granaderos, erancientos. Los amigos con los que había llegado a Mériday algunos que había conocido aquí mismo empezaron agritarme, ya que me había separado de ellos por todoel asunto de las fotos (quería captar buenasimágenes). Yo no les hice caso, no intenté correr yaque sabía que si lo hacía iban a notar mi presencia yme iban no sólo a llevar sino a golpearme, como suelenhacerlo, así que llegando a la esquina decidí correr. Cuando me detuve (que no fue muy lejos) estaba junto aotro fotógrafo, quien me dijo que estuvo bien quehubiera corrido, que a todos nos tratan por igual enesos casos. Me dijo que no me preocupara, quecualquier cosa diría que yo era su sobrina. Luego sefue, iba a tomar más fotos y me quedé sola.Decidí acercarme otra vez para ver si veía a alguno demis amigos, no vi a nadie. Las patrullas no dejaban depasar y la plaza aún estaba llena de antimotines. Meacerqué a una tienda de revistas grande y pedí unasmonedas para hacer una llamada telefónica a miscompañeros de los cuales no recibí respuesta.A cinco metros de mí se dejaron venir como 15 o 20granaderos tras un solo chico. Me escondí tras elteléfono para que no me vieran. Lo golpearon horrible.Uno contra quince o veinte, ¿qué tienen en la cabeza?Y más aún ¿qué podía hacer teniéndolo frente a misojos? Me moría de miedo, pedí a los de la tienda de revistasque me escondieran a lo que no se negaron. Me dieronagua, un cigarro y una silla para tratar de calmarme.Cuando me avisaron que iban a cerrar y que no podíaseguir ahí les pedí que guardaran mi tambor y chalinapara no verme tan obvia por la calle.Salí y caminé hacia la parada de camión, a una cuadrade la plaza. Vi lo que había pasado hace unos minutospor una televisión de un restaurante, vi a muchosamigos. Leía las rutas de los camiones sin saber cuáltomar, sin saber cómo llegar a la casa del amigo dondeme estaba quedando. Sin saber qué hacer, con mi menteen blanco, empecé a caminar. Me encontré a los pocos pasos con Yahaira, una chicaque aún no conocía, pero me preguntó por alguien encomún y del cual no sabíamos nada. En eso llegócorriendo Claudia a la que había visto en la marcha ynos preguntó si estábamos bien.No sabíamos qué hacer y yo al no tener casa pensé quepodía quedarme en el ocupa y tal vez vería a algunosamigos, así que nos dirigimos hacia allá. Gran error. En la esquina estaba estacionada una camioneta deelectricidad y dudé en seguir caminando pero no teníauna mejor opción, así que tocamos la puerta y nosabrió un compañero, el único en la casa y el cual nohabía estado en la marcha por quedarse a cuidarla. Le contamos todo y estuvimos un rato allá tocando ycantando. Como a las 9:30 se fueron Claudia y Yahairay nos quedamos sólo nosotros dos. Al cabo de unos 15minutos se oyó alguien bajando las escaleras. Eranvarios, primero pensé que eran amigos pero estaba muyequivocada. Mi compañero, intentando defendernos a los dos, tomóun tronco en braza, pero al ver que eran cinco o seisy que estaban armados, nos dimos cuenta que erainútil. La mitad de ellos iba de civil, la otra mitad con susarmaduras. A él lo golpearon, lo patearon, a mí megolpearon en la cabeza y espalda, también me jalaronel cabello.Totalmente sometidos nos sacaron por la puerta de lacasa (ya que ellos habían entrado por arriba no sé dequé forma). Nos subieron a la camioneta donde ya seencontraban Claudia y Yahaira y enseguida que nossubieron salieron a perseguir a otros más estando yaen la calle, a cuadras de la plaza, después de hora ymedia del suceso. Nos estaban cazando. A los hombres los subieron como animales: uno encimadel otro, lastimados, asustados. Yo reclamé y mevolvieron a pegar en la cabeza, sólo por decir que "noera la forma", "que había suficiente espacio paratodos".Llegando a la cárcel municipal nos siguieronagrediendo, diciendo que nos creíamos muy valientes,pateándonos y jalándonos el cabello. A mi compañero de al lado lo lastimaron mucho y cuandolo vi sangrando me emputé y me voltié diciendo que"cómo se atreven a decirnos valientes cuando ellos sonlos que ponen sus barricadas, cuando se ponen cascos,tobilleras y botas, cuando tienen gas y balas; y ahorasí se atreven a golpearnos, estando nosotros deespaldas, totalmente indefensos". Me jalaron del pelo,me dijeron que me callara y les dije "sí, sí, síguemejalando el pelo, total nunca te vas a sentirsatisfecho, aunque me lo arranques". Me pegaron en lacabeza.No seguí hablando. Me llevaron al separo, donde había6 chicas más, dos que no habían tenido nada que ver,estaban ahí sólo por haber estado en el parque en elmomento de la redada. Estuvimos hasta las 5:30 o 6 de la mañana y nostrasladaron en un autobús hacia el MP. Nos devolvierontodas nuestras cosas, aunque yo ya no tenía teléfono,ni cartera, y a mi cámara además de haberle quitado elrollo le arrancaron un botón y me la entregaron sin sufunda. En el MP no dejaban de interrogarnos. Uno de ellos, uno muy prepotente, me afirmó que yo erala radical, que era anarcopunk, comunista, socialistay demás mamadas, que seguro yo había hecho destrozos,pintado, aventando piedras y rompiendo cristales. Es la primera vez que en una marcha me han encerrado,pero soy lo suficientemente consciente como para darmecuenta que ese tipo, además de no ser abogado y serpolicía, me estaba amedrentando, me estaba culpando decosas que no había hecho sólo por mi aspecto y medecía que me podía ir peor. Por supuesto estaba asustada. Me culparon de pintas,me dijeron que firmara mis declaraciones amenazándomecon que mi familia no iba a saber nada de mí, que nosabía lo que me esperaba, etc.Ahora estoy en el CERESO. Es un buen lugar, lascompañeras son buenas al igual que las custodias, perode vez en cuando nos restringen ciertas cosas o noscastigan sin razón, ni las custodias saben la causa.Nos hemos enterado, a pesar de no estar afuera, decasos muy extraños, de la probable existencia deinfiltrados. Lo peor es que se trata de los que menoste esperas, los que se encuentran a tu lado.Sé porqué estoy aquí, sé lo que les molesta de miactitud, sé que quieren mantener la venda en nuestrosojos. Por algo nos mantienen amuralladas, pero la libertadno es algo que se atrape encerrándolo, la libertad seencuentra más allá de nuestras manos, más allá de lofísico, y mientras sepa que allá afuera siguenluchando yo seguiré luchando, aquí adentro, leyendo ycantando canciones de conciencia y lucha a lascompañeras, sabiendo todas que me declaroorgullosamente: "presa política" y nunca callaré laverdad que hay en mi corazón" .http://zapateando.wordpress.comhttp://zapateando2.wordpress.com

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